El Cine Social

Entender la realidad a través del audiovisual

Un juego de inteligencia


FREE RAINER_inlay_final.qxp:inlay_KHETítulo original
: Free Rainer – Dein Fernseher Lügt (Reclaim Your Brain)
DirecciónHans Weingartner
GuiónHans Weingartner
Música: Hans Weingartner, Katharina Held
Fotografía: Christine A. Maier
Duración: 130 min
Nacionalidad: Alemania
Año de Producción: 2007
Productora: Coproducción Alemania-Austria
Reparto: Moritz Bleibtreu, Elsa Sophie Gambard, Milan Peschel, Gregor Bloéb, Simone Hanselmann, Us Conradi
Género: Drama
Tema: Medios de comunicación

Sinopsis

Rainer es un exitoso productor de televisión que lo tiene todo. Ha llegado a la cima creando programas de televisión, cada cual más estúpido y vulgar. Un día, Pegah, una misteriosa joven colisiona intencionadamente con su coche a toda velocidad. Tras estar al borde de la muerte, Rainer se replantea su vida y decide producir un noticiario para el prime-time de su cadena que haga pensar al espectador. Hundido por la poca audiencia del programa, Rainer deja su trabajo y se embarca en una investigación sobre los sistemas de medición de audiencias que mantienen en los primer puesto a estos programas que insultan la inteligencia, aliándose para ello con la bella Pegah y un grupo de parados e inadaptados.

Crítica

Rainer es un productor televisivo hastiado, sin saberlo realmente, de su vida. Esconde su frustración tras un coche de lujo, cocaína por doquier y una guapísima novia florero. Eso sí, para el gran público es un genio, un héroe de nuestros días, capaz de idear programas televisivos que revientan los índices de audiencia, como el de Informe 4 (que falsifica sus reportajes) o el concurso en el que una chica escoge al desconocido padre de su hijo, entre otros, si sus espermatozoides ganan la carrera al del resto de los concursantes. Pero, tras sufrir un inesperado accidente, se planteará su futuro y el de toda la sociedad alemana. ¿Logrará, junto a un pequeño equipo de marginados, que la cultura y las ganas de disfrutar del mundo que nos rodea vuelva a entrar en las vidas de los hipnotizados televidentes? “Cada corazón es una célula revolucionaria”, rezaba uno de los protagonistas de Los edukadores (2004). Y es que los films de Hans Weingartner se caracterizan por abordar temas sociales que (seguramente) no queremos ni plantearnos, removiendo nuestras conciencias y despertando, aunque sea a pequeña escala, al revolucionario que todos llevamos adentro. Y lo consigue desde una perspectiva entre cómica, irónica y, por encima de todo, desafiante. Si en la citada nos hacía ver que la sociedad se aboca peligrosamente al consumismo, a través de las pequeñas hazañas de los tres jóvenes protagonistas (entrar en casas de ricos cuando éstos están afuera y mover de sitio todas sus cosas, dejándoles notas del tipo “Los días de opulencia se han terminado”, para que, cuando vuelvan y las lean -aterrados-, cambien su actitud; escena que incluye, a modo de guiño o de recordatorio, también en la que ahora tratamos, Un juego de inteligencia), en ésta no se ataca directamente al espectador, sino que se llega a él, haciendo que uno a uno se una, sin saberlo, a la revolución cultural.

Quizá no sea técnicamente admirable, ni sus actores ganen un premio por su interpretación… pero Un juego de inteligencia sí es destacable por esa idea que acaba penetrando poco a poco en nuestras mentes, y que se planteó el director mientras realizaba la investigación para la realización de la película: ¿es realmente posible que un culebrón sea el programa más visto en toda Alemania? Rainer explica en un momento del film algo así como: “Tuvimos seis meses en antena un culebrón. Los dos primeros, el resultado era nefasto, pero la mantuvimos. Poco a poco, la audiencia fue creciendo, hasta que amaron las estúpidas vidas que se explicaban”. El espectador se acostumbra y sigue lo que las masas aceptan, primero por curiosidad de ver lo que todos ven, luego, porque es lo fácil y, finalmente, porque es lo único que encuentra. Y es que Weingartner va más allá y consigue que realmente nos preguntemos: ¿y si los índices de audiencia están manipulados?, ¿y si nos encontramos ante una decadencia mental guiada por personas que sacarán provecho de mantenernos en este estado aletargado? El director compara a directores de cadena, guionistas, publicistas y productores con un ejército de fascistas… y no hay razón por la que no podamos pensar lo mismo, sobe todo, tras mostrarnos verdades como que los aparatos de medición no están presentes en casas de extranjeros ni en casas de jóvenes (porque no pueden permitirse pagar la tasa de TV). Además, se selecciona a los poseedores de estos aparatos tras estudios analizados al milímetro. ¿Podrían, entonces, estar enmascarando la verdad? ¿Que la gran mayoría, por ahora, no es tan estúpida como pretenden que creamos? Arantxa Acosta en el Espectador imaginario.

Vídeo (trailer)

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